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miércoles, 10 de marzo de 2021

Elegía a la nostalgia

  Elegía a la nostalgia

Elegía a la nostalgia


Desde lo más hondo del abismo
y desde lo más alto de la cumbre
llegan las más tiernas voces
gritando sus angustias mordaces.

En la intensidad de sus denuncias
emergen las irónicas mentiras
transformadas en sustantivos deseos
que se alejaron muy discretos.

Los ojos se llenan de la triste falacia
que mantienen la llanura ardiendo
y caminan encadenados
 con la melancolía y falaz melancolía.
Peregrinando caminan mientras van elucubrando.

En las estribaciones de las tempestades
la nostalgia va cansada de ver la agonía.
Sin mirar atrás, los ojos jadeantes
caminan buscando una elegía.

Las pericias llegan con sus tristes recuerdos
en medio del candente deseo del arrobamiento,
llevando el incalculable mensaje del amor sediento,
que va inmerso en medio de los sentimientos.

Donde el aire penetra siempre habrá un rincón, 
para ocultar la mesticia, la pena y la aflicción.
Un rincón en lo más profundo del abismo,
brindando a su melancolía su más hermoso tributo.

Con un nudo en la garganta
los recuerdos marginales y mordaces
cruzan puentes y saltan muros
y en medio ... la nostalgia convive conmigo.

Antonio Encinas Carranza
De: Lima, Perú.
D. R.

jueves, 31 de diciembre de 2020

Dos lágrimas

 Dos lágrimas

Las lágrimas del mar


El mar estaba tranquilo
y había un sol brillante.
Un barco cruza el horizonte
con rumbo desconocido.
Entre las olas y el viento
tres gaviotas cruzan el cielo.
volando muy lentamente,
y entre aleteo y aleteo
su vuelo se pierde a lo lejos.

De frente se ven dos delfines,
son bellos e inteligentes.
De lomo grises y panza blanca,
uno salta y el otro retoza.

En la orilla y sobre la caliente arena,
sentada y siempre sola
con la mirada extraviada
y con un sombrero de ala ancha.

Quizá soñando, quizá rezando.
Quizá suspirando o quizá llorando.

El viento arrastra las aromas del mar,
levemente roza sus mejillas
y lanza dos lágrimas al mar,
que caen sobre la blanca espuma.

El sentimiento del mar las arrastra
y las deposita sobre dos caracolas doradas,
 y ellas las arrastran buscando una ilusión perdida
o quizá una pasión imposible a quién entregar.

Antonio Encinas Carranza
De: Lima, Perú
D. R.